2 Nov

Entrevista con Lucas Ruiz, autor de El esquiador de fondo

Entrevista con Lucas Ruiz, autor de El esquiador de fondo. Servicio de prensa de la Editorial Círculo Rojo

 

¿Cómo comienza tu amor por escribir?

Para mí escribir siempre ha sido una necesidad, discontinua en el tiempo, pero muy intensa en algunos períodos de mi vida, de introspección, de búsqueda de respuestas al laberinto emocional e intelectual de mi propia existencia. Surgió como un juego torpe en mi niñez (jugar con la palabras, formar ripios); continuó como un desahogo, una especie de diario pseudopoético (o de poema pseudobiográfico) en mi adolescencia y juventud; y culminó en una expresión agónica, con algún signo de desesperanza, que hoy me atrevería a llamar literatura. Es un mandato, acuciante, de intentar aprender a transitar por el mundo, buscando de manera contradictoria, la levedad del ser en lo profundo de la existencia.

– ¿Cuánto tiempo llevas escribiendo?

Siempre y nunca, todo el tiempo y ninguno. Hay períodos de gran producción seguidos de larguísimas, y aparentemente inexplicables, pausas. Empecé a escribir con disciplina (y sólo para mí) en mi adolescencia y desde entonces lo he hecho distraídamente, sin orden ni lectores. Sólo en los últimos años la escritura se me ha impuesto como una manera de pensar el mundo y consecuentemente como una forma expresarme y hacerme entender ante los demás. Es por eso que he decidido publicar mis textos ahora.

 – ¿Qué género prefieres para escribir? 

He cultivado la poesía, pero me siento más cómodo en el ensayo, bien de corte académico, bien de corte literario (donde ya he publicado varios textos), y sobre todo, en la prosa, en los relatos. Cuando escribo no pienso en el género, que es una etiqueta que los críticos asignan con mayor o menor fortuna. Busco mi propia voz, que no la hallo -o eso creo- en los géneros, sino en la musicalidad de las palabras, el ritmo de las frases, la fuerza de las imágenes, las referencias intertextuales, la sucesión de los personajes, la irrelevante trascendencia de sus actos.

– ¿Qué es lo que más destacarías de tu libro?

Creo que lo esencial en él es la búsqueda del sentido de la existencia (o su sinsentido), no tanto en la actividades cotidianas, que también, como en los actos minúsculos, insignificantes, a partir de los cuales, concatenando recuerdos, olvidos, visiones o sueños, soy capaz de construir un mundo propio, que corre, inquietantemente, paralelo al mío.

– ¿Está basado en tus vivencias? o ¿qué te ha inspirado para escribirlo?

Hace algunos años, preparando uno de mis libros (Espacios, 2003), entrevisté a la escritora Josefina Aldecoa, una mujer inteligente y luminosa. Me dijo que ella no tenía fantasía, que lo que contaba era lo que a ella le había pasado u otros le habían contado que les había pasado. Era una escritora de imaginación. Transformar la realidad a partir de la realidad. Esa era la clave. Todo lo que cuento está basado en mis vivencias, que no es exactamente lo que me pasa (al menos en el sentido epidérmico del término), sino lo que vivo, lo que mi percepción, mi memoria, mis lecturas o mis fobias, pueden llegar a crear. Yo soy ciertamente todos los personajes que escribo.

 

 

 

 

 

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